LA EVOLUCIÓN HUMANA

 

    LA EVOLUCIÓN HUMANA

 

I. El orden de los primates

I.1. Consideraciones previas

El ser humano es un animal, aunque peculiar: es un animal con cultura. Si queremos conocer al hombre, si queremos saber qué somos debemos analizar ambas dimensiones de la naturaleza humana: la animal y la cultural que están indisociablemente unidas en nuestra especie. No somos menos por reconocer que formamos parte del reino animal, que no somos seres extraños y ajenos a toda la vida natural del planeta, pero sí que nos equivocaremos al comprendernos si no reconocemos esta parte integrante de nuestra naturaleza.

 

El hombre, en su forma actual es el resultado de la evolución de especies anteriores. Y no hay en la actualidad ninguna especie en el planeta similar a nosotros. No hay más especies bípedas, ni que usen y controlen el fuego. Algunas especies han desarrollado un sistema de comunicación, pero nada comparable al nuestro. Ninguna otra especie escribe libros, ora o expresa sus sentimientos o pensamientos. ¿Cómo ha tenido lugar este desarrollo? ¿Siempre hemos sido la única especie inteligente? Vamos a ver cómo se ha producido la evolución de nuestra especie, hasta donde la paleontología y demás saberes relacionados con dicho estudio, nos lleven en la actualidad.

    Antes de iniciar este viaje en el tiempo vamos a establecer la taxonomía del hombre para que nos sirva de guía en este largo recorrido. El hombre pertenece al orden de los Primates, al suborden de los Antropoides, a la superfamilia de los Hominoideos, a la familia de los Homínidos, al género Homo, especie Homo sapiens.

El universo físico existe desde hace unos 20.000 millones de años (m.a). La Tierra se formó hace unos  4600 m.a. La vida apareció hace unos 3500 m.a. Los primeros organismos pluricelulares hace 1000 m.a. La vida se inició en el mar y hasta hace unos 400 m.a. no colonizó la tierra. Los grandes mamíferos, en la línea que conduce al hombre aparecen hace 200 m.a., cuando el planeta estaba dominado por los reptiles. Nuestra especie, el Homo sapiens surge hace unos 100.000 años. Hoy en día vive únicamente el 1% de las especies que han existido.

Si el reloj evolutivo desde el origen de la  vida hasta el presente se reduce a escala de un año el hombre aparece aproximadamente a las ocho de la tarde del último día del año. Si se reduce a un día, el hombre aparece unos cuatro segundos antes de que finalice el día. El hombre civilizado aparecería en la quinta parte del último segundo. Si representamos en un día la evolución desde que aparece el Homo sapiens hasta nuestros días, la sociedad agrícola y ganadera aparecería unos 3`5 minutos antes de que acabara el día.

 

Antes de continuar con nuestro tema vamos a fijarnos en el esquema de la evolución humana que nos proponen Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez.     

Esquema Evolutivo

 

J. L. Arsuaga

 

I. 2. Primates  

Cuando decimos que el hombre desciende del mono no es del todo cierto puesto que seguimos siendo monos, es decir, primates. Aunque sí podemos afirmar que no descendemos de ningún primate vivo. Veamos brevemente quienes son los primates.

Los primates son mamíferos que viven en bosques tropicales húmedos o subtropicales con lluvias estacionales y épocas secas donde algunos árboles pierden las hojas. En ese medio forestal cálido es donde se ha desarrollado nuestra evolución y por tanto, los primates presentamos numerosas adaptaciones a la vida de los árboles.

La dieta de los primates es muy variada y encontramos especies completamente vegetarianas mientras que otras son omnívoras. Algunos comen insectos y otros, como los papiones y los chimpancés a veces cazan y comen carne aunque su se alimentan fundamentalmente de vegetales. 

Los primates, son especies que presentan una serie de adaptaciones que indican un origen arborícola. Entre otras, estas adaptaciones incluyen: la capacidad de desplazar las cuatro extremidades en varias direcciones; capacidad de agarrar con manos y pies: el dedo gordo de los pies es grande y móvil, y se puede oponer a los demás dedos (salvo en los seres humanos); hendiduras cutáneas (dermatoglifos) en las almohadillas ventrales de estas extremidades, que evitan deslizamientos, y órganos sensoriales táctiles (corpúsculos de Meissner); y flexibilidad de la columna vertebral para permitir torsiones y giros. Además, tienen uñas planas en vez de garras como sus antepasados.

Los primates se dividen en estrepsirrinos y haplorrinos.

Estrepsirrinos: en estos primates los orificios nasales externos están rodeados por un área de piel desnuda y húmeda continuada por debajo de un labio dividido en dos en su línea media, por donde se fija a las encías mediante una membrana ( como el hocico de perros y gatos)

Haplorrinos: no existe piel desnuda alrededor de las narices y el labio superior es continuo y móvil. Esto posibilita una mayor expresividad facial.

Dentro de los estrepsirrinos tenemos los lemures, los indris y los loris asiáticos.

Los haplorrinos se dividen en tres grupos

            Tarseos: pequeños primates nocturnos de Filipinas, Borneo y Sumatra

            Catarrinos: entre los que se encuentra nuestra especie

            Platirrinos: monos americanos, o monos del nuevo mundo

Estos dos últimos grupos son los llamados simios o antropoides.

 

LEMUR

GIBBON

GORILA

CHIMPANCÉ

BONOBO

ORANGUTÁN

Antropoides

Tienen los ojos en una posición completamente frontal de los ojos, que permite una visión estereoscópica o visión en tres dimensiones (permite cálculos de distancias muy precisos). Los simios tienen un cerebro grande. Los lóbulos olfativos de estos cerebros están muy reducidos. Frente a otros mamíferos y primates los simios nos representamos el mundo en imágenes y no en olores.

Los antropoides presentan un período relativamente prolongado de crecimiento postnatal, acompañado de un cuidado considerable por parte de los progenitores[1], y una descendencia relativamente pequeña. El valor selectivo de esta última característica se basa probablemente en el número limitado de individuos que puede crecer y ser criado por primates de alta movilidad. Los grupos suelen desplazarse por grandes áreas para poder alimentarse. Además, las crías de los antropoides necesitan un largo periodo de aprendizaje para enfrentarse con las muchas y complejas variables ambientales y sociales con las que se las habrán de ver a lo largo de su vida.

Los simios o antropoides se subdividen en:

            Monos del Nuevo Mundo

            Monos del Viejo Mundo: macacos, papiones, mandriles, langures....

            Hominoideos: éstos a su vez se subdividen en:

                        Antropomorfos: gibón, orangután, gorila, chimpancé (común y bonobo)

                        Homínidos: seres humanos actuales y fósiles de nuestra línea evolutiva 

Como se puede apreciar, tanto los monos del Nuevo mundo como los  chimpancés y los seres humanos somos todos antropoides, pero nosotros, evolutivamente hablando, estamos mucho más cerca de gorila y el chimpancé que de los monos del Nuevo mundo. De hecho el animal con el que compartimos aproximadamente el 98% de nuestro genes es un tipo de chimpancé, el bonobo.

 

 

I. 3. Hominoideos

Una de las características distintiva de estos animales es un tórax aplanado en sentido dorsiventral (del pecho a la espalda), en lugar de estar comprimidos lateralmente como el resto de los primates y en general los mamíferos cuadrúpedos (perros y gatos, por ejemplo). Esto implica que nuestro omóplatos están en la espalda en lugar de estar a los lados del cuerpo, además se alargan los omóplatos y la clavícula. Debido a todo esto se adquiere una gran capacidad para mover los brazos por encima de los hombros. Otras características de los simios son que pueden extender completamente los brazos y la muñeca tiene una gran movilidad, lo que posibilita la braquiación (modo de locomoción arborícola). Los brazos suelen ser más largos que las piernas. Se alargan las manos y se reduce el dedo pulgar para formar un auténtico gancho donde suspenderse, es decir, empieza la diferenciación entre pies y manos. Esto se aprecia fácilmente en las manos de gorilas y chimpancés. La posterior adaptación de nuestros antepasados a la locomoción bípeda hizo que se modificaran algunas de estas características. Así, por ejemplo, el dedo gordo del pie ya no es oponible (en el caso de los humanos) y está alineado con el resto de los dedos. Las manos de los seres humanos también son distintas: se ha alargado el pulgar y han reducido su tamaño el resto de los dedos, lo que permite que se puedan manipular objetos con una gran precisión. Todos los antropoides mantienen una posición erguida del tronco, tanto al trepar como al desplazarse, colgando de las ramas o en actitud de descanso. Las crías tienen un largo periodo de crecimiento postnatal.

 

El registro fósil

El fósil más antiguo encontrado hasta ahora de un primate es un molar de finales del cretácico, tiene unos 65 m.a. Los primates abundan ya hace unos 55 y 36 m.a. Durante el mioceno, que se extiende entre hace 24 y 5 m.a., en el continente africano surgieron los primeros hominoideos.

Hace unos 17 m.a. África, que había permanecido aislada, se une a Euroasia permitiendo que los hominoideos se expandieran por todo el viejo mundo. Se diversificaron ampliamente en numerosos géneros como el Dryopithecus, Sirapithecus, Lufengpithecus. El rastro fósil de los hominoideos euroasiáticos se pierde hace unos 7 m.a. hasta la aparición de formas ya muy próximas a las especies actuales.

 

Mapa de los yacimientos arqueológicos

 

II. Los homínidos

II. 1. La familia de los homínidos

Los biólogos moleculares creen que nuestro linaje se separó de la línea del chimpancé hace entre 4`5 y 7 m.a. El conjunto más antiguo de fósiles de dicho linaje fue localizado por el equipo que dirige Tim White, Gen Swa y Berhane Asfaw en la región del curso medio del ría Awash, en el país de los Afar, Etiopía. Se calcula su antigüedad en torno a los 4’4 m.a. Los han

Huellas halladas

en Laetoli 

 bautizado como Ardipithecus ramidus (ardi y ramid significan suelo y raíz en la lengua de los afar) y parece ser que habitaban un medio forestal, por el tipo de fósiles asociados y una dentición pobre en esmalte, esto es, similar a la que tienen en la actualidad los chimpancés. White apuntó que estos primeros homínidos eran bípedos y caminaban erguidos pero falta demostrarlo con la evidencia de los huesos de la cadera y de las piernas. Entre las evidencias que apoyan un temprano bipedismo se encuentran unas huellas de hace 3`7 m.a. conservadas bajo una capa de ceniza volcánica en Laetoli (Tanzania, cerca del famoso parque del Serengeti). En el yacimiento de Laetoli se han encontrado fósiles del Australopithecus afarensis de la misma antigüedad que las pisadas por lo que cabe suponer que las produjeron dichos homínidos. Estas huellas corresponden a dos individuos que caminaban por la misma senda separados por unos 20 metros y pertenecen a homínidos bípedos.

Un equipo keniano dirigido por Meave Leakey ha encontrado en los alrededores del lago Turkana (Kenia) fósiles de homínidos en torno a los 4 m.a creando con ellos una especie bautizada en 1995 como Australopithecus anamensis (anam significa lago en lengua turkana). Por los fósiles asociados, una mayor abundancia de esmalte en la dentición y unas muelas más grandes que las del Ardipithecus ramidus se cree que se alimentarían de frutos tiernos, vegetales que necesiten una prolongada masticación y frutos secos, lo que provocaría un mayor desgaste de las coronas dentales. Vivieron en un ambiente forestal abierto o una sabana más o menos arbolada con cursos de agua. Se ha hallado una tibia cuya morfología hace pensar a sus descubridores que eran bípedos.

Otro de los homínidos primitivos, encontrado también en el este de África,  es el Australopithecus afarensis (se le calcula un encéfalo de 426 gr.). La mayor parte de estos fósiles se han encontrado en la región de Hadar, en la zona del tramo final del río Awash y en Laetoli (Tanzania). Se calcula que esta especie tiene entre 3 y 3’4 m.a. Se ha hallado el cráneo de un macho y el esqueleto de una hembra: Lucy. Parece haber vivido tanto en un bosque seco, como en un paisaje de sabana fresca con bosques galería a lo largo de los cursos fluviales. Los primeros restos fósiles de esta especie fueron descubiertos por el equipo dirigido por Donald Johanson.

 

Australopithecus africanus (436 gr. de encéfalo), hallado por R. Dart  en Sudáfrica. Tiene entre 3 y 2 m. a. Hay bastantes restos de este australopiteco, incluyendo un cráneo muy completo conocido familiarmente como Mrs. Ples. Otro resto fósil importante de esta especie es el niño de Taung.

Australopithecus bahrelghazali. El término bahrelghazali hace referencia a la región del Chad donde se encontraron los fósiles: Bahr el ghazal que en árabe significa río de las gacelas. Esta especie ha sido hallada por Michael Brunet en el Chad, al norte de N`Djamena. Se calcula que tiene entre 3 y 3'5 m.a. Algunos investigadores señalan que tal vez no se trate de una especie distinta.

Australopithecus garhi. El equipo de Tin White ha hallado muy recientemente unos restos craneales y dentales en Etiopía (en el territorio de los Afar) que no parecen encajar con ninguna de las especies de australopitecos conocida. Los testos tienen unos 2'5 m.a. de antigüedad.

 

Cuerpo de un Australopithecus.

Para estudiar un poco más detenidamente a estos australopitecos vamos a fijarnos en Lucy, el más famoso de todos. Lucy medía aproximadamente 105 cm. y su peso no sobrepasaría los 30 Kg. Otros fósiles más grandes corresponden a ejemplares que medirían en torno a 135cm y pesarían unos 45 kg. Estas diferencias pueden deberse al dimorfismo sexual[2]. El cociente entre la longitud del húmero y la del fémur (que expresa la proporción entre brazos y piernas) es de un 85%. En los humanos es del 71%; orangutanes 129%; gorilas  118%; chimpancés 102%; bonobos 98%.

Estas proporciones sugieren que los australopitecos mantenían algunas de las aptitudes ancestrales para trepar por los árboles. Además, las falanges de los dedos y manos están curvadas asemejándose a las de los chimpancés; esta curvatura está relacionada con la capacidad para asirse a las ramas de los árboles y moverse por ellos. Todo esto unido a que se les atribuye un hábitat forestal más o menos cerrado, nos hace pensar que además de poder caminar como bípedos, los australopitecos todavía se subían a los árboles para alimentarse, escapar de los depredadores o dormir.

 

La bipedestación

Principales factores anatómicos que hacen posible el bipedismo:

- Músculos glúteos abductores: glúteo menor y medio. El desarrollo de estos músculos permite la posición erecta.

- Foramen magnum: orificio de la base del cráneo por donde sale la médula espinal. En los antropomorfos está situada en una posición más retrasada en la base del cráneo con respecto a los australopitecos y a los seres humanos porque la cabeza está en el extremo de una columna vertical dispuesta diagonalmente en la marcha cuadrúpeda.

- El pie: el dedo gordo del pie ya no es oponible y está alineado con el resto de los dedos.

- La columna vertebral: presenta dos curvaturas, una en la zona cervical y otra en la lumbar, que permite la posición erecta junto con los músculos glúteos y los de la nuca.

- La cadera: el ala ilíaca en la cadera humana es más corta y más ancha que en el resto de los antropomorfos. También ha cambiado su orientación. Estos cambios en la forma de la cadera que han hecho posible nuestro característico andar bípedo han dificultado enormemente el nacimiento de las crías, puesto que se ha hecho mucho más estrecho el canal del parto.

 

En la figura de la izquierda aparece un chimpancé y el primer homínido que caminó erecto. A la derecha tenéis un esquema de cómo debió de evolucionar nuestro esqueleto para hacer posible la bipedestación

 

II. 2. El gran misterio

¿Para qué sirve la bipedestación? ¿Qué ventajas representa con respecto a la forma de locomoción del resto de los antropomorfos? Se solía contestar a estas preguntas con que andar sobre las piernas era una adaptación a la sabana. Sin embargo, en esta respuesta encontramos varios errores. En primer lugar, los animales no están adaptados a los ambientes, sino a nichos ecológicos, es decir, a los papeles que las especies representan en el ecosistema, que pueden ser muy variados, en resumidas cuentas, en la sabana viven muchas especies y ninguna es bípeda. El otro error proviene del hecho de que en la actualidad se cree que los australopithecus vivieron en ecosistemas forestales y no en la sabana.

Hipótesis

Aunque no hay ninguna teoría aceptada por los paleoantropólogos vamos a dar a continuación tres hipótesis sobre este asunto:

    1. Cuanto más recta sea la trayectoria del centro de gravedad que describe un animal al desplazarse, más económica en el consumo de energía será la marcha. En los humanos el centro de gravedad del cuerpo describe al andar una línea prácticamente recta. Así pues, en términos físicos, no está menos conseguida que la de los cuadrúpedos, aunque menos rápida en distancias cortas. En cambio, nuestra resistencia es notable y superior a la de muchos cuadrúpedos a la hora de realizar desplazamientos largos en tiempo y en distancia, tanto corriendo como andando.

    2. Un individuo puesto en pie recibe menos radiación solar y al separar el cuerpo del suelo se aleja de un foco de calor y se beneficia de las brisas para refrescar el cuerpo. Todo esto contribuye a regular la temperatura corporal que supone un gran gasto energético para los mamíferos.

    3. Con la bipedestación surge la capacidad para transportar cosas en las manos y brazos, ya sean alimentos o crías.

Aun teniendo en cuenta todo lo dicho nuestro peculiar modo de locomoción es uno de los grandes misterios con los que se enfrenta la paleontología humana.

 

II. 3. Los paranthorpus

Hace cerca de 2’8 m.a. comenzaron a producirse en nuestro planeta marcadas oscilaciones climáticas asociadas a la extensión de los mantos de hielo en el hemisferio norte durante las épocas frías: las glaciaciones. Por esta causa en el este de África, en las zonas cercanas al ecuador, las praderas herbáceas se extendieron a expensas de los bosques. A partir de estos datos Elisabeth Urba ha propuesto que esta crisis climática y ecológica puede haber influido de forma decisiva en la historia evolutiva de los homínidos, contribuyendo a la desaparición del Australopithecus africanus (ligado a ambientes forestales) y propiciando la selección de nuevas formas adaptadas a la explotación de medios más abiertos: los primeros representantes de los géneros Paranthropus (los parántropos) y el Homo (los humanos).

 

El vocablo «paranthropus» significa literalmente «al lado del hombre» y fue dado a una nueva especie de homínidos. Éstos convivieron con los antepasados del hombre durante cerca de 1’5 m.a., en todo el área del sureste de África.

Los especialistas han establecido tres tipos de Paranthropus:

            - Paranthropus aethiopicus

            - Paranthropus boisei (508 gr. de encéfalo)

            - Paranthropus robustus (523 gr. de encéfalo)

Todos se extinguieron.

Los parántropos presentan una dentición muy característica: sus molares tienen una capa de esmalte bastante más gruesa que en el resto de los homínidos y antropomorfos. También tienen unos molares más grandes y unos premolares con aspecto de molar, lo que conlleva a un aumento del área de dentición dedicada a la trituración de alimentos. Los caninos y los incisivos son más pequeños que en el resto de los homínidos. Presentan también unos músculos maseteros y temporales (los que nos permiten masticar) muy gruesos y potentes, y una mandíbula robusta y ancha. Todo esto nos indica que debieron especializar su dieta en alimentos duros y que necesitaban una prolongada masticación.

Paranthropus aethiopicus

Paranthropus boisei

III. El género Homo

III. 1. Caracterización y tipos

Hasta comienzos de la década de los noventa, los fósiles más antiguos asignados a nuestro género eran un conjunto de dientes aislados de cerca de 2’1 m.a., y fragmentos mandibulares procedentes de yacimientos del valle del río Omo. Sin embargo, la pertenencia al homo de estos fósiles es discutida por una buena parte de los paleoantropólogos. En 1994, el equipo de Johanson encontró en la región del Hadar un maxilar muy completo cuya asignación al género homo parece clara. Se calcula su antigüedad en 2’3 m.a.. Junto con el fósil humano se encontraron una veintena de utensilios de piedra, que representan el caso más antiguo conocido de asociación de industria lítica y restos de homínido.

La talla sistemática de piedra para obtener instrumentos parece haber sido una de las claves de la capacidad de nuestro género para ocupar medios ambientes muy diversos y para acceder a nuevos recursos.

 

La industria lítica

Los humanos no somos los únicos animales que utilizamos instrumentos, pero somos los únicos que realmente producimos instrumentos a partir de una forma que sólo existe en la mente y que imponemos a la piedra o a cualquier otro material. Además., somos los únicos que podemos fabricar un útil que no necesitamos inmediatamente sino que prevemos que vamos a necesitar; es decir tenemos la capacidad de anticipar nuestras necesidades, de prever el futuro. Se sabe que los chimpancés son capaces de limpiar una ramita de sus hojas y usarla para conseguir hormigas de un hormiguero. Incluso algunos han llegado a fabricar esponjas mascando las hojas de los árboles para llevar agua a algún compañero herido. Pero sus acciones van encaminadas a conseguir objetivos inmediatos, carecen de capacidad de previsión.

Los primeros utensilios de piedra se conocen como OLDUVAYENSE o Modelo 1 y fueron fabricados por el Homo habilis. Consisten en cantos y rocas tallados sin forma estandarizada. Entre ellos se encuentran los Choppers (trabajados por una sola cara), los choppingn tools (tallados por las dos caras) y las lascas sin retocar. También usaban cantos y rocas sin modificar como martillos y yunques. Estos sencillos instrumentos de piedra proporcionan a sus fabricantes algo de lo que a causa de lo reducido de sus caninos, carecían: un filo cortante. Aunque a primera vista parecen fáciles de fabricar sabemos que un gorila o un chimpancé no podría hacerlos. Las manos de estos animales no son adecuadas para manipular con precisión objetos pequeños, debido al alargamiento de la palma y de todos los dedos, excepto el pulgar que queda demasiado lejos del resto para poder realizar estas tareas. Además, es probable que la dificultad principal resida en que no tienen un cerebro lo suficientemente desarrollado como para poder coordinar tantos movimientos. No se ha visto a ningún chimpancé, ni en libertad ni en cautiverio, partiendo deliberadamente una piedra. Incluso se han realizado experimentos para tal fin sin éxito alguno. Sin embargo si se les ofrece una lasca o filo cortante lo utilizan, es decir, parecen comprender su utilidad aunque no las confeccionen.

Es posible que la necesidad de filos cortantes surgiera cuando los primeros humanos comenzaron a consumir carne y precisaron de filos, tanto para abrir la gruesa piel de los animales como para cortar tendones y trocear los músculos. Los animales consumidos por los humanos no necesariamente habrían sido cazados por ellos, sino que con frecuencia se trataría de una actividad de carroñeo.

Diversificación del Homo:       

Homo habilis

En principio sólo se distinguían dos especies: el Homo habilis (la más antigua) y el Homo erectus (especie creada a partir de los restos fósiles hallados en Java y China). Pero dada la gran cantidad y diversidad de fósiles encontrados se ha propuesto una nueva clasificación: 

        - Homo habilis

        - Homo rudolfensis

        - Homo ergaster

Las dos primeras especies se reparten los fósiles anteriormente atribuidos al Homo habilis y la última incluye todos los que se asignaban al Homo erectus.

Homo Habilis: los primeros fósiles de esta especie fueron  hallados por Louis y Mary Leakey en la Quebrada de Olduvai, en Tanzania. Vivieron entre hace 1’8 y 1’6 m.a. La proporción entre el húmero y al fémur es del 95% y poseía un encéfalo de unos  619gr. En los seres humanos actuales la proporción entre el húmero y el fémur es del 71% y nuestro encéfalo pesa unos 1300 gr. de media. Se han hallado restos de esta especie en Etiopía (valle del río Omo y Hadar) y en Kenia. Su cuerpo no debía ser muy diferente al de un australopiteco: no eran demasiado altos y tenían los brazos largos y las piernas cortas. Al parecer vivieron en una hábitat similar a la sabana con árboles y matorrales dispersos o formando manchas verdes en grandes claros de hierba. 

Homo rudolfensis: vivió entre hace 1’9 m.a.  y 1’6 m.a. Sólo se han hallado fósiles de esta especie en las orillas del lago Turkana (antiguamente llamado lago Rodolfo). Combina un cerebro grande con un aparato masticador desarrollado (parecido en algunos aspectos al parántropo). Algunos investigadores apuntan a que el Homo rudolfensis podría incluirse dentro del Homo habilis si se acepta para esta especie un marcado dimorfismo sexual.

Homo ergaster: en esta especie encontramos un claro aumento del tamaño del cerebro (debía pesar unos 805 gr.), una nueva disposición en los huesos nasales que provoca que la nariz destaque en el perfil de la cara y la reducción del tamaño relativo de los molares. Debió de vivir entre hace unos 1’8 m.a. y 1’4 m.a.

 El fósil más notable atribuido al Homo ergaster es el esqueleto encontrado por el equipo de R. Leakey en 1984 a pocos kilómetros al oeste del lago Turkana y se conoce como «el niño de Turkana». La antigüedad de este esqueleto está próxima a 1’5 m.a. y conserva la mayor parte del cuerpo incluido el cráneo y la mandíbula. Sólo le faltan los huesos de los pies y casi todos los de las manos. Se cree que pertenece a un niño de entre 9 y 11 años. Medía  160 cm, lo que significa una estatura superior a 180 cm cuando completase su crecimiento. La proporción entre el húmero y el fémur es del 74%. O bien era una especie muy alta, o bien su desarrollo ontogenético era más corto que en la actualidad y, por tanto, ya habría alcanzado su altura normal.

El Homo ergaster aparece como la más humana entre las especies primigenias del Homo. Aparte de su gran cerebro, esta especie presenta una estructura y proporciones entre los miembros que son similares a las de los humanos posteriores. Además, poco después del surgimiento del Homo ergaster una nueva forma de tallar la piedra hizo su aparición: el ACHELENSE o Modelo 2. Es una forma de tallar la piedra mucho más elaborada que la del Modelo 1, incluye núcleos  o grandes lascas con tallas por las dos caras llamados bifaces, como hachas de mano, los hendedores y los picos. Estos instrumentos muestran una gran estandarización en su confección y requieren una larga secuencia de gestos, incluyendo el giro del núcleo en la mano mientras va siendo golpeado por el percutor para extraer lascas. Las hachas de mano son bifaces simétricos con filos laterales que convergen hacia el extremo apuntado; probablemente eran utilizados como instrumentos de uso múltiple: cortar carne, trabajar la madera y quizás también para preparar pieles. La industria achelense más antigua que se conoce tiene cerca de 1’6 m.a. y procede del yacimiento de Olduvai.

Industria Olduvayense

Industria Achelense

Biface

Chopping-tools

 

III. 2. El desarrollo del encéfalo

Una de las cosas que identifican al a especie humana es su inteligencia. Aunque podamos decir que algunas especies animales son inteligentes, el chimpancé o el delfín, por ejemplo, su capacidad intelectual es ínfima en comparación con la del hombre. En este apartado vamos a estudiar como ha evolucionado nuestra capacidad intelectual a lo largo del tiempo y qué factores han podido incidir en su espectacular desarrollo.

La inteligencia está vinculada al encéfalo, órgano situado en la cavidad craneal y formado por el cerebro, cerebelo y el bulbo raquídeo. El peso promedio del encéfalo humano es de unos 1250 gr. Para que nos hagamos una idea el peso del encéfalo de un chimpancé es unos 400 gr. y el de un gorila de 500 gr.; hay que tener en cuenta que el tamaño del encéfalo debe estar en proporción al del cuerpo, de manera que especies más grandes han de tener encéfalos más grandes. El encéfalo no fosiliza pero sí lo hace el cráneo y cuando esto ocurre es posible medir el volumen de la cavidad craneal lo que nos ayuda a hacernos una idea bastante aproximada del tamaño del encéfalo. Se ha comprobado que a una capacidad craneana de 1000cc le correspondería un encéfalo de 971 gr.

En 1891, sir Arthur Keith hizo una notable observación que pasó desapercibida. Este científico había notado que en los primates existía una relación inversa entre el tamaño del cerebro y el del estómago. En 1995 Leslie Aiello y Peter Wheeler propusieron una hipótesis explicativa para este fenómeno: dado que el cerebro es uno de los órganos más costosos en el metabolismo de los individuos (consume un 16% de la energía disponible), un aumento de su volumen sólo sería posible a cambio de la reducción de otro órgano con similar consumo de energía. En relación con su peso los órganos más costosos del cuerpo humano son: el corazón, los riñones, el cerebro y el conjunto formado por el tubo digestivo y el hígado. El ser humano tiene un cerebro bastante mayor de lo que corresponde a un primate de su tamaño; nuestro tubo digestivo es menor de lo que le corresponde prácticamente en la misma proporción.

Aiello y Wheeler concluyen que la expansión cerebral que se produjo en el Homo sólo fue posible por una reducción del tubo digestivo. La longitud de éste depende del tipo de alimento que se tenga que digerir; en los herbívoros es siempre mayor que en los carnívoros porque la carne es un alimento de fácil asimilación. Los herbívoros, por el contrario, necesitan largos tubos digestivos para poder metabolizar los vegetales que consumen.

     a) Australopithecus

     b) Homo erectus

     c) Homo neanderthal

     d) Homo sapiens 

 

 

Hace unos 2’5 m.a. se produjo un cambio climático que alteró profundamente el paisaje: ampliación de las extensiones herbáceas y sabanas en detrimento de los bosques. Dos nuevas especies se adaptaron a estos medios con estrategias diferentes: los parántropos y el Homo. Los primeros adaptaron su aparato masticador para consumir productos vegetales duros, sin embargo su cerebro no se desarrolló como lo hizo el del Homo. Este último aumentó su masa encefálica, dado que no aumentó su tasa metabólica basal (gasto energético global), esta encefalización fue a costa de la reducción de su aparato digestivo. Esto fue posible gracias a una modificación de la dieta: la introducción de la carne.

Este cambio en la dieta no tendría, por primera vez en la historia de los mamíferos, una traducción en la morfología dental. No nos encontramos en los humanos con dientes que funcionan como percutores para triturar huesos, ni con piezas que actúan como cuchillos para trocear la carne, porque los instrumentos necesarios para partir los huesos y cortar la piel y la carne son extracorpóreos y consisten en los útiles tallados por los humanos. La expansión cerebral del homo sólo pudo ser posible  a cambio de una variación en la dieta, que a su vez se traduce en una reducción del tamaño del tubo digestivo y, correlativamente, del aparato masticador. Con esto no se ha dicho que un cambio en la dieta produjera automáticamente un aumento del tamaño del cerebro; sólo se dice que era necesario que nos hiciésemos carnívoros para poder ser inteligentes, aunque esto es como lo del huevo y la gallina, no se sabe que fue lo primero ya que los alimentos de alto rendimiento energético (como la carne) requieren de mayores capacidades para poder ser localizados.

 

Tamaño del cerebro y tamaño del grupo social

Como hemos dicho el aumento del volumen cerebral comporta un cambio en la dieta, en la que se incluyen proteínas de origen animal. Estos recursos no se distribuyen de manera homogénea en el medio, ni son fáciles de obtener, por lo que debió de aumentar el tamaño del  territorio a recorrer y el tiempo de búsqueda. Al mismo tiempo los ritmos de crecimiento, desde el Homo ergaster, son parecidos a los nuestros, lo que supone un periodo de dependencia infantil más prolongado. Todo esto implica que una madre difícilmente podría hacerse cargo, ella sola, de varias crías al mismo tiempo. Por lo que parece probable que el macho dedicara más tiempo al cuidado de las crías. Sobre este hecho incidiría también la desaparición del estro (período de celo) en nuestra especie, lo que favorecería uniones más duraderas entre machos y hembras. Esto último pudo influir, a su vez, en la disminución del dimorfismo sexual: los machos no tienen que competir por el control de las hembras. Todo esto ayudaría a crear un entorno social más protector y complejo. Los paleoantropólogos creen que  la expansión del cerebro está directamente asociada a un aumento de la complejidad social. Es decir, hay una relación muy estrecha entre la complejidad social de un primate y el tamaño del neocortex, que en los humanos representa la parte más grande del cerebro. Se ha observado que los mamíferos que viven en sociedades complejas tienen cerebros más grandes que los mamíferos solitarios de tamaño similar. Aiello y Dunbar han descubierto también que entre las diferentes especies de primates el tamaño relativo del neocortex respecto del resto del encéfalo está en función directa del tamaño de los grupos sociales que forman esas mismas especies. Sin embargo, no se ha encontrado una relación similar entre el tamaño relativo del neocortex y el tipo de vida, por lo que la teoría ecológica del origen de nuestra muy desarrollada inteligencia pierde fuerza respecto a la teoría social. Es decir, parece posible que el desarrollo del cerebro y de la inteligencia represente una adaptación a la vida social, un medio en el que uno tiene que cooperar y competir a la vez con los mismos individuos. Para prosperar en el medio social hace falta utilizar diversas tácticas que van desde la formación de alianzas con otros individuos, basadas en el parentesco o en el interés, hasta el engaño. Al vivir en grupo tenemos que analizar y tomar decisiones sobre un medio especialmente cambiante: la conducta de los demás miembros de  nuestro grupo. Debemos tener una buena memoria para recordar el organigrama social; debemos poder intuir las intenciones del prójimo, analizando su conducta y sus gestos, para poder adelantarnos a sus actos; y deberíamos poder representarnos mentalmente situaciones hipotéticas, valorarlas y actuar en consecuencia. Todo esto implica, en definitiva que tendrá más éxito el que «mejor cerebro» tenga

 

III. 3. Fuera de África: Asia y Europa

Si los primeros humanos aparecen en África, ¿cuándo emigran a Europa y Asia?

Eugéne Dubois (1858-1941) descubrió en 1891 una calota (bóveda craneal) y un fémur en Trinil,  Java; desde entonces esta isla ha proporcionado un gran número de fósiles humanos. Con los nuevos sistemas de datación se ha calculado que los sedimentos donde se hallaron algunos de éstos fósiles tendrían entre 1'8 y 1'6m.a. Aunque los investigadores no están seguros de estos datos dado que la relación entre los fósiles y los sedimentos no está clara. La especie encontrada por Dubois fue bautizada por él como Pithecanthropus erectus, hoy en día conocida como Homo erectus. La capacidad craneal del Homo erectus se estima entre los 800 y 950 cc. El neocráneo sigue siendo bajo (como en el Homo ergaster) o plano, con una frente muy tendida, y su máxima anchura, situada en la base, a la altura del hueso temporal. Como características diferenciadoras presentan un cráneo más robusto, de paredes más gruesas con un toro supraorbital recto y muy desarrollado que forma una auténtica visera, y otro refuerzo óseo también muy conspicuo en el extremo posterior del cráneo, denominado occipital.

Desde el punto de vista evolutivo, parece razonable aceptar que el Homo erectus deriva del Homo ergaster. Louis Leakey encontró en 1961 en Olduvai una calvaria incompleta que se data entre 1’4 y 1’2 m.a. Por la morfología de lo poco que se conserva parece representar el eslabón intermedio entre el Homo ergaster y el Homo erectus. Sin embargo de confirmarse que el primer poblamiento de Java se produjo hace 1’8 m.a. ya no podría ocupar ese lugar en la evolución humana puesto que se atribuye esa misma antigüedad al Homo ergaster.

 

Al sur del Cáucaso, en Dmanisi (Georgia), se ha descubierto recientemente una mandíbula humana a la que se concede una antigüedad muy grande, en torno a 1’5 m.a., si bien podría ser algo más moderna. La evidencia más vieja de presencia humana en Europa podría estar en la Cueva Victoria  (Murcia). Aquí se ha encontrado una falange de mano que es sin duda de un primate y que podría ser humana. Desgraciadamente, la falange fue recogida fuera de su lugar original, aunque ha sido asignada a una brecha datada en más de 1 m.a., la certeza, en estos casos nunca es completa.

Desde su descubrimiento en 1907 el fósil humano tenido como el más antiguo de Europa es la mandíbula de Mauer (encontrada cerca de Heidelberg, Alemania). Esta mandíbula dará lugar a la creación de una nueva especie: el Homo Heidelbergensis. Su antigüedad se sitúa en torno a los 500.000 - 600.000 años. Hoy, gracias a los descubrimientos de Atapuerca, sabemos que había otros habitantes del género Homo mucho más antiguos en Europa.

Mandíbula de Mauer 

 

Atapuerca: la Gran Dolina

El yacimiento de la Gran Dolina está situado en la sierra de Atapuerca, en Burgos. Se ha excavado ya el nivel 11 (1998) con 300.000 años de antigüedad y se está excavando el nivel 10. Se ha realizado un

Excavaciones en la Sierra de Atapuerca

 sondeo que alcanzó el nivel 6. Este sondeo proporcionó unos 80 restos humanos y 200 útiles. Al parecer estos restos superan los 780.000 años de antigüedad. Estos datos convierten a la Gran Dolina en el primer poblado europeo hallado hasta ahora. Estos restos fósiles han dado lugar a una nueva especie que ha sido bautizada por sus descubridores como Homo antecesor. Esta especie presenta unos rasgos primitivos en la dentición y un toro supraorbital muy desarrollado. Se ha calculado su capacidad craneal en torno a los 1000 cc. Los cráneos mejor conservados del Homo ergaster nos daban las siguientes capacidades: 804 cc., 850 cc. y 900cc. Los restos del cráneo hallados pertenecen a un niño conocido como «el niño de la Gran Dolina», de unos once años de edad. Tiene una cara de aspecto bastante moderno aunque se cree que la de sus mayores no lo sería tanto. En el Homo habilis y el Homo ergaster el esqueleto de la cara es todavía bastante plano. Sin embargo nuestra cara tiene relieves. Esta combinación de un frontal primitivo con una cara moderna es lo que hace que el Niño de la Gran Dolina no sea un fósil más. Siempre se creyó que la cara moderna era reciente en la evolución humana, o sea, que aparecía con nuestra especie, y de pronto vemos que existía ya hace 800.000 años.

El conjunto de piezas líticas del TD6 de la Gran Dolina son del Modelo 1. Este hecho plantea un problema ya que hay  Achelense (Modelo 2) en el este de África hace 1’6 m.a. y en ‘Ubeidija (Israel) poco después. Es decir, nos encontramos con unos restos fósiles mucho más recientes que el Homo ergaster pero con una industria lítica mucho más primitiva. Posibles explicaciones:

            a)  Los primeros pobladores de Europa y Asia abandonaron el estilo Achelense.

            b)  Los hombre que desarrollaron el Achelense en África experimentaron un gran crecimiento demográfico y forzaron la ocupación de áreas marginales del continente africano y, finalmente, a emigrar de allí a los grupos que no disponían de la cultura superior.

            c) Quizás los primeros pobladores de Asia abandonaron África antes de que se desarrollara la cultura Achelense. Es decir, llegaron a Eurasia mucho antes de lo que creemos y de los que los restos fósiles hallados hasta ahora nos  hacen pensar.

 

Canibalismo prehistórico

Los fósiles humano no ‘deberían’ estar en la Gran Dolina. Para que un hueso humano fosilice en una cueva haría falta que algo extraordinario sucediera. Tal vez que un carroñero, una hiena por ejemplo, transportara una parte de un cadáver humano o simplemente un hueso encontrado en el campo. Pero para que se acumulen los esqueletos de al menos seis individuos diferentes, las circunstancias tuvieron que ser aún más excepcionales: se trata de un festín caníbal.

Los restos humanos de la Gran Dolina aparecen mezclados con los de otros animales y bastante rotos. Algunos presentan estrías de corte producidas por el filo de un instrumento de piedra empleado con ánimo de separar la carne del hueso. Está claro que fueron descarnados y consumidos allí por otros humanos. 

Se supone que los primeros humanos llegaron hasta la Península Ibérica por vía exclusivamente terrestre, es decir, desde Asia y atravesando toda Europa. No hay razones para pensar que el estrecho de Gibraltar se cerrara en ningún momento de los últimos 3 m.a. aunque probablemente sí ocurrió hace 6’5 m.a. y 5 m.a. (es decir, demasiado pronto pues aún no existían los humanos) y tampoco parece que pudieran haber atravesado a nado el Estrecho ni construido una embarcación.

 

La Sima de los Huesos  

Dentro de la Sierra de Atapuerca existe otro gran yacimiento de fósiles: la Sima de los Huesos. Se han encontrado restos de carnívoros y de seres humanos, unos treinta y dos individuos completos de unos 300.000 años de antigüedad, atribuidos a la especie Homo heilderbengensis. Entre los carnívoros hay: leones, lobos, linces, gatos, zorros y lo que más abunda son los osos, en concreto de la especie Ursus deningeri. Se cree que hay unos doscientos osos allí acumulados.

¿Cómo llegaron hasta la sima todos estos huesos? Se supone que muchos osos caerían accidentalmente o morirían durante la hibernación. Los otros carnívoros probablemente caería atraídos por el olor de la carroña, pero ¿qué hacían allí los restos de treinta y dos individuos humanos? No debieron habitar allí puesto que no hay restos de industria lítica. Se apuntan dos hipótesis:
    a) alguna catástrofe acabó con sus vidas mientras estaban momentáneamente en la sima.

    b) otros seres humanos dejaron caer allí sus cuerpos inertes. Se trataría en este caso del primer vestigio de enterramiento. Esta hipótesis es la más aceptada.

Aun admitiendo esto último siguen existiendo dudas: ¿murieron todos a la vez o en un breve periodo de tiempo, o sus cadáveres se acumularon a lo largo de los años? El análisis de las edades de los restos fósiles hallados en la Sima de los Huesos sugiere que alguna catástrofe, probablemente la escasez de recursos, acabara en poco tiempo con todos ellos.

 

Aquí tenéis la reconstrucción que se ha hecho de los restos fósiles hallados en la Sima de los Huesos

 

III. 4. Los Neanderthales

Los neandertales son la otra especie humana inteligente. Los primeros testimonios de la presencia del Hombre de neandertal aparecen con la última glaciación o tal vez al final del interglaciar inmediatamente anterior. Representan el tipo humano fósil mejor estudiado y del que se disponen de más restos. No eran muy altos, con un promedio de estatura masculina en torno a 170 cm y promedio femenino alrededor de 160 cm. Sin embargo, su complexión física era extraordinariamente robusta. Debieron tener mayor masa muscular que los  hombres actuales. En promedio pesarían unos 70 Kg. incluidas las mujeres. El promedio de nuestra especie es de 58 Kg. Un buen ejemplo de esta fortaleza lo puede dar el fósil La Ferrassie 1 (Francia), probablemente masculino, al que con una estatura de 171 cm se le calcula un peso de 85 /90 Kg. de puro músculo. Algunos autores opinan que esta constitución maciza es una adaptación al frío. Se sabe que las poblaciones de una especie de sangre caliente que habitan en las regiones frías tienden a tener un cuerpo más voluminoso que los que habitan en tierras cálidas. Esta forma del cuerpo minimiza la pérdida de calor.

La capacidad craneal de hombre de neandertal era mayor que el de nuestra especie; su promedio era de unos 1500 cc. Ahora bien, es probable que el índice de encefalización fuese  igual o ligeramente menor que el nuestro. En todo caso los neandertales y nosotros somos las dos formas humanas más encefalizadas de la historia. Sin embargo, esta expansión cerebral se produjo de forma independiente en los dos casos. Mientras el cráneo moderno es alto y de frente levantada, el cráneo de los neandertales se hizo muy alargado de delante hacia atrás. En relación con este alargamiento antero-posterior de la caja craneal, se produjo un estiramiento hacia atrás del occipital, formándose el característico abultamiento que se conoce como el «moño occipital» de los cráneos neandertales.

Presentan un toro supraorbital fácil de reconocer: está regularmente curvado sobre las órbitas como un arco de circunferencia, tiene una sección redondeada y se continúa en el espacio entre las órbitas. Tienen unos huesos gruesos aunque esta característica la encontramos desde el Homo ergaster, salvo en nuestra especie en la que se ha producido un notable adelgazamiento de los mismos. Pero lo característico del neandertal es que tiene muy gruesos los huesos del cuerpo y no los del cráneo como ocurría en las otras especies.

La cara: presentan prognatismo medio-facial. Ausencia de pómulos y por supuesto del mentón (típicamente humano). Poseen fuertes mandíbulas, grandes arcos superciliares y frente huidiza.

La industria de los neandertales se llama MUSTERIENSE y se encuentra dentro del Modelo 3 o Paleolítico Medio. Este modo técnico se caracteriza porque mediante la talla se preparan los núcleos dándoles una forma determinada (similar al caparazón de una tortuga) para luego extraer a partir de ellos las lascas, que más tarde serán retocadas para proporcionarles el acabado final. Esta cadena operativa se conoce como técnica Levallois y de cada núcleo se obtienen varios instrumentos. Esta técnica supone una notable capacidad de abstracción ya que no se trabaja la piedra para producir directamente el instrumento. El Musteriense se extendió por Europa, Oriente Próximo y norte de África. Los orígenes del Modelo 3 se sitúan entre hace 300.000 y 200.000 años, según regiones (al parecer primero en el África Subsahariana y luego en Europa). Una vez más surge el problema de cómo llegó la técnica a Europa: ¿la trajeron gente llegada de África o se extendió la técnica sin grandes movimientos migratorios?

Los neandertales vivían  en cuevas y también en campamentos al aire libre. Se observa una clara diferencia que continuará durante el resto del Paleolítico, entre los asentamientos de base en los que vivía la totalidad del grupo de una manera relativamente larga (toda una estación, por ejemplo) y las cueva utilizadas de forma esporádica. También construyeron cerramientos o construcciones artificiales como medio de protección. La madera debió ser el material más usado para estas construcciones, aunque también utilizaban los huesos largos de los mamúts y de otros animales. El ejemplo mejor conservado es la cabaña Molodova I, una estructura oval de 10 por 7 metros con dos entradas y varios hogares en su interior.

  Desde un punto de vista económico, con el Hombre de neandertal parece intensificarse el consumo de carne, aunque los productos vegetales continúan teniendo una importancia considerable en su dieta. Los restos de animales descubiertos en los lugares donde vivían y en los lugares de caza, denotan una tendencia a la especialización en las especies propias de su territorio. Predominan las piezas de tamaño mediano-grande como los caballos, los grandes bóvidos y también se han hallado rinocerontes y mamúts.

  Estos primeros sapiens se organizaban en grupos reducidos autosuficientes. Se cree que estos grupos no estarían formados por más de treinta personas. El carácter limitado del área de captación de alimentos obligaba a una cierta movilidad, a desplazamientos temporales (probablemente siguiendo las migraciones de las manadas). El sistema de asociación sería el parentesco. Se cree que estos pequeños grupos de cuando en cuando entrarían en contacto unos con otros lo que facilitaría el flujo genético y cultural entre los grupos. Además de por su escaso número de miembros, los grupos se caracterizaban por su escaso crecimiento demográfico, con reducida esperanza de vida y una elevada  mortalidad infantil.

Sabemos que usaban del fuego y enterraban a los muertos. Se tiene certeza de que sabían usar el fuego y de que lo hacían habitualmente por los restos de humo y objetos calcinados hallados en las cuevas y en algunos campamentos. También se cree que enterraban a sus muertos aunque los científicos no se ponen de acuerdo sobre el hecho de si estos enterramientos tenían o no un carácter simbólico, es decir, si se conllevaban algún tipo de ritual. Se ha encontrado en los enterramientos diversos objetos: las cuernas de una cabra montés, los huesos de un oso dispuestos ordenadamente en una fosa cubierta por una gran losa y restos de flores. Sabemos también que cuidaban de los ancianos y de los enfermos o heridos. Todas estas prácticas los acercan inquietantemente a nosotros. En un yacimiento francés, la Cueva del Reno, en Aray-sur-Cure, junto a restos de neandertales e industria chatelperroniense, se han encontrado dientes y huesos perforados o con surcos, es decir, preparados para ser colgados; también se ha encontrado cuentas y anillos de marfil, junto con fósiles marinos que se usaban como adorno personal. 

Los neandertales como tales existieron en Europa hace unos 230.000 años. Se cree que evolucionaron en Europa durante ciento de miles de años en condiciones de aislamiento geográfico y genético, y que en algún momento salieron de este continente y se expandieron por Asia central y Oriente próximo. Todavía quedaban neandertales en Europa hace 30.000 años, concretamente en la Península Ibérica. Son una especie típicamente europea aunque, como ocurre siempre en paleontología, nuevos hallazgos pueden hacernos cambiar de opinión. Desaparecieron en la fase más cruda de la última glaciación sin que estén claras las causas de su extinción.

 

III. 5. El Homo Sapiens

El origen de la humanidad moderna

El origen del Homo sapiens, es decir, de nuestros orígenes hay que buscarlos entre los fósiles africanos de hace entre 600.000 y 250.000 años. Tanto los datos de la genética como de la paleoantropología muestran que nuestra especie es muy homogénea en sus características desde sus primeros representantes, lo que indica que procedemos de una población muy reducida que pertenecía a su vez a una especie más amplia y variada.

Para un buen número de paleoantropólogos como Gunter Bräuer y Christopher Stringer, los humanos modernos se originaron en África hace entre 300.000 y 100.000 años. A partir de esta cuna africana nuestra especie se expandió por el resto del viejo mundo y reemplazó a las distintas humanidades que habían aparecido como resultado de evoluciones locales, en condiciones de aislamiento reproductor. Otros defienden la denominada hipótesis multirregional. Creen que cada línea humana habría evolucionado independientemente y en paralelo con loas otros dando lugar en todos los casos al Homo sapiens. Para justificar su hipótesis argumentan que habría existido un continuo flujo genético entre las poblaciones, lo que habría hecho posible que todas confluyeran en la misma especie. La biología molecular parece confirmar que toda la humanidad procede de una única población que probablemente surgió en la zona sur de África. Las pruebas que dan a favor de esta tesis son:


    - El ADN mitocondrial

    - El cromosoma Y

    - El ADN molecular.

 

El Homo sapiens  fósil no es sólo una innovación desde el punto de vista físico, sino también cultural. Con él se produce un considerable avance en varios órdenes: progreso y racionalización tecnológica, estructuras sociales más complejas, tendencia a la especialización económica, aumento del número de evidencias de un comportamiento religioso y, sobre todo, desarrollo del arte.

Entre los caracteres físicos más notables de los primeros hombres modernos está su estatura, que alcanza la media de 1’65 cm. y supera el metro ochenta en algunos de los esqueletos de Cro-Magnon, (Homo sapiens primitivo). El cráneo es alto, con amplio desarrollo en relación a la cara y una capacidad craneana media de 1400cc (1710 en el hombre de Chancelade), que les sitúa tanto dentro de la variabilidad de los neandertales como la del hombre actual. Los arcos superciliares son fuertes, aunque no están unidos en visera como en el neandertal. En general los huesos del Homo sapiens son mucho más ligeros que los de especies anteriores.

 

En aquellos yacimientos donde existen secuencias arqueológicas continuas se observa una sustitución brusca de la industria Musteriense (Modelo 3) por el AURIÑACIENSE (propia del Homo Sapiens), la primera industria del Paleolítico Superior o Modelo 4. Técnicamente el Modelo 4 se caracteriza por la preparación de núcleos alargados para la obtención de lascas finas y de bordes paralelos y, al menos, dos veces más largas que anchas. Estas hojas eran luego retocadas y transformadas en una gran variedad de útiles. Esta técnica permitía el máximo de aprovechamiento de la materia prima obteniendo de cada piedra más longitud de filos cortantes que con cualquier otro método. El Modelo 4 se diferencia por la utilización del hueso, el marfil y el asta como materias primas para la confección de instrumentos y elementos de adorno personal. Asociadas a la industria del Modelo 4 aparecerá también el arte en forma de figuras transportables de animales y personas, y de pinturas y grabados rupestres. En algunos yacimientos de la cornisa cantábrica y el oeste y el centro de Francia hay intercalados entre los últimos niveles de Musteriense y las primeras de Auriñaciense, una industria que tiene características comunes a ambos modelos. Esta industria es el Chatelperroniense. El Auriñaciense se extiende por Europa hace unos 40.000 años. Los fósiles asociados al Modelo 3 son siempre neandertales y los asociados al  4 son humanos modernos. Los fósiles que se han hallado junto con la industria Chatelperroniense son neandertales.

Los seres humanos modernos no procedemos de los neandertales y, como ya hemos dicho,  venimos de África. Hace unos 40.000 años, es decir, durante la última glaciación, llegaron a Europa unos inmigrantes africanos: el hombre de cromañón. Se cree que «convivimos» con los neandertales casi 10.000 años. Hace unos 40.000 años había ya humanos modernos en Cataluña y Cantabria, y miles de años después aun sobrevivían los neandertales al norte de los Pirineos. Es posible imaginar que las bolsas de población neandertal irían poco a poco reduciéndose hasta desaparecer. ¿Procede de esa convivencia la industria Chatelperroniense? Parece ser que sí. Los neandertales desaparecieron en la fase más cruda de la última galciación.

Con el Homo sapiens  aparecen los ritos funerarios, el adorno personal y el arte. Los ritos funerarios responden a la existencia de un comportamiento religioso, aunque siempre utilizando el término en su acepción más amplia de creencias en seres espirituales, generalmente en el espíritu de los muertos. Aparecen las tumbas con ajuares funerarios: adornos personales, armas, etc. Con ellos surge también los objetos dedicados al adorno personal: collares, cinturones, brazaletes que se colocaban en el cuerpo o se cosían a las pieles del vestido y del gorro. A veces la distinción entre este tipo de piezas y el arte mueble, del que nos ocuparemos en un momento, no está clara. Muchas de las famosas venus paleolíticas iban colgadas del cuello de los cromañones. También decoraban sus útiles y armas. Los adornos más frecuentes eran: las caninos de zorros o de ciervo, incisivos de bóvido y conchas de moluscos. Las cuentas de los collares estaban fabricadas de hueso, marfil, asta de ciervo o piedra blanca. Al ser tan pequeñas y numerosas su elaboración debería ser muy costosa y lenta por lo que deberían tener un gran valor simbólico. Hay un enterramiento triple (un adulto y dos adolescentes, chico y chica) en Sungir, Rusia, de unos 28.000 años de antigüedad donde sólo en cuentas de marfil el adulto tiene 3000, el chico 5000 y la chica algunas más. El chico lleva, además, un cinturón de 250 caninos de zorro polar. La función de estos adornos no sería exclusivamente estética sino que sería indicativa de la filiación, posición social dentro del grupo, etc. 

 

Arte paleolítico

El arte paleolítico se presenta bajo dos formas: arte mueble y arte rupestre. Al primero corresponden las representaciones realizadas sobre objetos que pueden transportarse de un lugar a otro, e implica gran variedad de técnicas (grabado, escultura, pintura) y, sobre todo, de materias primas: madera, piedra, asta, marfil, hueso, etc.

El arte rupestre (del latín rupes, muro o roca), se ejecuta sobre paredes, techo o suelo de la cueva. Algunas de estas figuras se localizan en las zonas de entrada de las cuevas, pero la mayor parte se encuentran en zonas profundas de las cavernas y deben su conservación al mantenimiento de un microclima constante durante milenios. El significado del arte rupestre no está claro. En un principio, se dio una interpretación esteticista del mismo: el arte por el arte. Esta teoría se basaba en una supuesta sociedad del ocio, que resultaba posible en un medio extraordinariamente rico en recursos naturales cuya obtención requeriría muy poco esfuerzo, y que, por tanto, dejaba mucho tiempo libre que podría ser invertido en la creación artística. El conocimiento de los pueblos cazadores-recolectores actuales permite saber que no existe una relación causal entre la abundancia y escasez de recursos y la producción artística.

A finales del XIX, La rama dorada de J. Frazer presentaba dos tipos  de magia primitiva: la magia imitativa u homeopática y magia contaminante. El principio general de la primera es que lo semejante produce lo semejante, es decir, que para conseguir un determinado fin hay que simularlo. Parece ser que ese era el sentido de las pinturas rupestres. Los ejemplos entre los cazadores actuales son abundantes, como las pinturas de arena sobre las que se clava una lanza para conseguir cobrar realmente la pieza.

Una figura contemporánea fundamental para el estudio del arte rupestre es la de A. Leroi-Gourhan. Este autor concibe el arte rupestre como algo esencialmente religioso que transmite un determinado mensaje simbólico. Animales y signos se distribuyen de acuerdo con un esquema dual en que dos principios fundamentales se encuentran encabezados por el caballo y el gran bóvido, temas que en términos globales suponen cada uno el treinta por ciento de las representaciones. El simbolismo de ambos principios también lo es de la contraposición sexual, un grupo masculino con el caballo, signos de significado «macho», ciertas especies animales, y las escasas figuras del hombre que se conocen, y otro femenino con los grandes bóvidos, representaciones de mujer y su correspondiente serie de signos y animales de significado «hembra».

 

El origen humano del lenguaje

Los seres humanos somos los únicos animales que hablamos. Es decir, transmitimos a nuestros semejantes y recibimos de ellos cualquier tipo de información nueva, codificando deliberadamente nuestros mensajes en combinaciones de signos preestablecidos. El resto de los animales sólo son capaces de intercambiar informaciones muy concretas sobre algunos aspectos de su vida, empleando para ello un sistema limitado de sonidos y gestos que no están codificados de manera intencionada. Dado que es algo tan peculiar del ser humano sería interesante conocer cuando aparece esta capacidad.

La paleoantropología trata de determinar las capacidades mentales de una especie fósil a través de las impresiones que el cerebro deja sobre la superficie interna del cráneo. Dos áreas de la corteza cerebral, ambas en el hemisferio izquierdo están relacionadas con el habla en los humanos. El área de broca situada en la tercera circunvalación frontal (a la altura de la sien), es la encargada de la construcción y planificación sintáctica; es decir, traduce los mensajes en una secuencia ordenada de movimientos de los músculos que intervienen en la producción del habla. Una lesión en esta zona perturba la capacidad de hablar y escribir pero no impide la comprensión del lenguaje hablado y se puede seguir leyendo. Por su parte el área de Wernicke, situada entre la circunvalación temporal superior y el lóbulo parietal (un poco por detrás y por encima del oído), es la encargada de la codificación y descodificación de los mensajes. Una lesión en el área de Wernicke inhabilita para la correcta comprensión y producción del lenguaje hablado o escrito.

Según Phillip Tobias, la región inferior del lóbulo parietal relacionada con el área de Wernicke estaba más desarrollada en los fósiles de Homo habilis que en los de australopituecus, parántropos y antropomorfos. Además el área de Broca parece expandida tanto en el Homo habilis como en el Homo ergaster.  Alan Walker, principal responsable del estudio del Niño de Turkana, rechaza la hipótesis de que esta especie pudiese hablar (debido al reducido diámetro del canal medular) y relaciona el desarrollo del  área de Broca con el manejo de la mano derecha, es decir con la talla de piedras. 

La segunda vía de investigación sobre el origen del lenguaje la constituye el estudio del conjunto de órganos responsables de la emisión de los sonidos que componen el habla humana. Los sonidos en los que se basa el leguaje humano se producen y modulan en el tracto vocal: laringe, faringe y cavidad nasal y oral.

En todos los mamíferos, excepto en las personas adultas, la laringe ocupa una posición alta en el cuello, situándose casi en la salida de la cavidad bucal. Esta posición elevada permite la ingestión de líquidos a la vez que se respira. Desde mediados de la década de los setenta el lingüista Phillip Lieberman y al anatomista Jeffrey Laitman han encabezado una serie de investigaciones destinadas a reconstruir la morfología del tramo superior del conducto respiratorio en los homínidos fósiles. Como resultado de sus estudios, concluyen que una serie de rasgos de la base del cráneo podía usarse para averiguar la posición de la laringe y determinar así la capacidad para hablar de una especie. Entre estas características la que ha gozado de un mayor crédito en la comunidad científica ha sido el grado de flexión de la base del cráneo. Ateniéndonos a estos datos parece ser que el aparato fonador del Homo hábilis y el Homo ergaster era bastante parecido al nuestro.

  Phillip Liberman reconstruyó hace años el aparato fonador de los neandertales (colocando la laringe en una posición intermedia que no existe en la actualidad en ninguna especie). Por medio de un ordenador hizo hablar a un lactante humano, a un ser humano adulto y a un neandertal. Los sonidos simulados informáticamente en los dos primeros casos se correspondían con los reales, lo que anima a tomarse en serio el resultado obtenido con los neandertales. Estos podían producir una amplísima gama de sonidos pero no eran capaces de emitir el sonido de tres vocales: «i», «u» y «a» y de dos consonantes: «k» y «g». Las vocales citadas son llamadas vocales universales porque existen en todas las lenguas. Estas vocales son las que mejor distingue el oído humano. Sin ellas cualquier idioma es mucho más confuso y difícil de comprender por quienes lo hablan, sobre todo en situaciones en las hay otros sonidos en el ambiente.

Hasta ahora hemos estudiado la evolución hasta dar lugar al Homo sapiens sapiens. Pero lo que este ser es no viene determinado sólo por su constitución natural o biológica, sino también por la cultura. En gran medida en la actualidad el ser humano se adapta al ambiente, no a través de modificaciones en sus genes, sino mediante la cultura. Y esto es lo que vamos a estudiar en el tema siguiente.

 

BIBLIOGRAFÍA  

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[1] En los monos antropomorfos el recién nacido viene al mundo con un cerebro que representa más de la tercera parte del que tendrá de adulto, mientras que en nuestra especie representa menos de un cuarto.

[2] Diferencia de peso y tamaño que existe entre el macho y la hembra de una misma especie